Tercera parte: As an old enemy
Poco a poco pude andar de nuevo, era como si me hubiera olvidado hasta de andar. David estuvo conmigo todo el tiempo, hubo algunas reuniones más en las que hablaron que ya no se podían unir más ángeles, ya eran bastantes más que los otros. Sin embargo, Arlette y Peter seguían sin aparecer y yo estaba preocupada, mis últimos recuerdos de ellos no son muy buenos…Y cada día me entero menos de cómo funcionan las cosas, David me cuenta como poco a poco van avanzando, algunos arcángeles ya no tienen miedo de unirse a nosotros, pero los otros arcángeles los castigan. Y yo me pregunto ¿Cómo va a acabar todo esto? ¿Si conseguimos que Dios, caiga de su trono que pasará? ¿Volveremos al Infierno? ¿Recuperaré mi vida? Nadie lo sabe. Y creo que David también se lo pregunta. Sigo con la intranquilidad metida en el cuerpo. Me da vergüenza preguntarle a David…Pensará que soy una cotilla.
Han pasado un par de días desde todo aquello. No hemos tenido noticias de Arlette y Peter, ni tampoco de nuevas uniones de arcángeles, ángeles o personas. Estamos un poco abandonados todo…Yo no soy capaz de levantarme de mi nube, pero bueno, tendré que hacerlo, acercarme a David y preguntarle. Me levanto y me siento a su lado.
-Oye… ¿Tú sabes algo de Peter y Arlette...?-
-Bueno… Sé que después de que se “reconciliaran” no se les ha visto el pelo.-
-¡Eso también lo sé yo!- exclamé
-Bueno…También sé que andan por aquí. No sé exactamente donde, esto es muy grande. Pero en algún lugar apartado.-
-Supongo que eso es nueva información. Gracias.- Iba a levantarme cuando de repente me cogió de la mano.
-Y tú… ¿Cómo estas?- Sabía que la pregunta que quería hacer realmente no era esa.
-Pues bien… ¿Por qué me lo preguntas?-
-Verás… realmente no quería preguntarte eso ya te habrás imaginado… Como que me he estado preocupando mucho por ti durante todo este tiempo… Y no ha sido simple cortesía… Verás…-se mordió el labio inferior- Me gustas mucho y yo pensé que…-
-Le interrumpí a mitad del discursito-Lo siento, agradezco las atenciones pero no me interesas…Me caes bien y eso…Pero nada más.- Me levanté y me fui de allí sin remordimientos. Empecé a caminar sin muy claro destino… En el fondo pretendía encontrar a Peter y Arlette de la nada, pero, sabía que eso no iba a pasar. Estarán en un lugar apartado donde nadie pueda encontrarlos, y yo no soy una detective fantástica. Seguí caminando sin rumbo hasta unos lugares extraños. Allí había pequeños templos, de estilo románico, y cosas que no sabría describir. Me quedé atónita. ¿Desde cuándo había cosas de esas en el cielo? Me dediqué a contemplarlas, sin mucho sentido de que eran ni de cuándo era. La historia no era lo mío. De repente en un coliseo vi a dos figuras. No pude distinguirlas, por si acaso, me acerqué sigilosamente para que no me descubrieran. Me acerqué por un lado y descubrí a las dos figuras tumbadas y abrazadas en el suelo de mármol. Eran ellos, no cabía duda. No supe que hacer. Si acercarme a ellos o largarme y avisar a David. Lo segundo no le haría mucha gracia a David después de nuestra pequeña conversación… Y lo primero creo que tampoco le agradaría a ellos… Me mordí el labio inferior.
- ¡Ey! ¿Quién anda ahí?-
“Mierda…Me han visto…” Me dije. Me levanté y me acerqué a la parte frontal del coliseo- Este…Hola…jeje…- dije con voz temblorosa.
-Ah, hola- Era Arlette la que había hablado, y no parecía gustarle que yo anduviera por ahí-¿Qué hacías ahí escondida?-
-Es que… De lejos no sabía si erais vosotros y temía meterme dónde no me llamaban…-
-Tarde, ya lo has hecho.- Peter se había incorporado y se frotaba un ojo. Estaban desnudos.Peter se tapaba con una camisa o algo así y Arlette lo mismo.
-Bueno…Me voy…- Giré sobre mis talones e hice ademán de comenzar a andar.
-Espera. ¿Nos estabas buscando?-
-…Lo cierto es que…sí…- dije entre dientes. Me producía mucha vergüenza decirlo-
-Tsk. Pues hala, ya nos has encontrado.- Peter movió la mano de forma indicando que me fuera-Estamos ocupados…- Se abalanzó sobre Arlette besándola. Me alejé de allí de vuelta por donde había venido, perpleja. De lo que yo recordaba Arlette estaba hasta las narices de él. Y de repente estaban desnudos sobre un suelo de mármol en el Cielo. Y muy posiblemente habrían cometido “pecado”. Me reí entre dientes, esa comparación me hacía gracia.
De repente, una luz me cegó. Apenas había avanzado unos pasos desde dónde estaban ellos. Todos nuestros arcángeles y fieles estaban congregados y un arcángel estaba encima de un pedestal y pedía silencio. La luz iluminaba a Arlette y Peter. Que rápidamente se taparon y vistieron. El arcángel habló:
-Todos sois testigos del pecado aquí cometido. Estas dos personas se han atrevido a usurpar los antiguos yacimientos históricos, pecando. Esto es intolerable en el paraíso de nuestro señor. Debemos ser libres de tales tentaciones, estamos aquí para disfrutar del descanso eterno y respetar los mandamientos del Señor. Exijo que seáis juzgados por el Señor y que os echen del Cielo.- Abrí los ojos estupefacta. Teníamos que actuar. Peter y Arlette se levantaron y se dirigieron al lugar. Se subieron también al pedestal y exigieron hablar. Arlette tomó la palabra:
- Todos los aquí congregados estáis conmigo y consideráis que esto no es pecar. Si no disfrutar libremente de las relaciones con una persona. Hemos llegado a tal punto científico en la actualidad que sabemos de sobra que el sexo o las relaciones sexuales como queráis llamarlo no son un simple echo de necesidad. Es una manera de entretenimiento y no es malo. Somos totalmente conscientes de lo que hacemos y por que vosotros digáis que es pecado, no dejaremos de hacerlo. Es el momento de que os deis cuenta de vuestro error. De que todo esto es un error. De que esto es estúpido y no tiene cabida en nuestra sociedad moderna. Es la hora. No podemos esperar más.- Se hizo el silencio. Un silencio sepulcral en todo el Cielo. Arlette paseó la mirada por los allí congregados. De repente, en el Cielo se oyó un estruendo. Algo venía hacia nosotros. Arcángeles y ángeles se acercaban feroces.
Venían de estar con el Señor. Ya sabíamos por dónde se iba. Pero
nunca habíamos hablado sobre aquel momento. No hablamos de cuando de repente los arcángeles y toda su tropa se revelaran contra nosotros, qué hacer. ¿Debíamos cargar contra ellos? ¿Con qué armas? ¿Las palabras? No, no. Deben de haberlo hablado entre ellos mientras estaba inconsciente… Me muerdo el labio inferior con fuerza. Nadie hace nada. Miro a dónde esta Arlette y el otro ángel…Pero… Peter no está. Lo busco con la mirada y finalmente dirijo la vista hacia dónde vienen nuestros enemigos. Hay un arcángel que va hacia ellos, con alguien encima. Lo he entendido. Ellos se dirigen hacia el Señor y tenemos que despejarles el camino. Se lo comunicó a un ángel que esta a mi lado y se va corriendo la voz. Rápidamente todos empiezan a ponerse en marcha. Ellos pueden volar, pero nosotros los humanos, no. Y no tenemos nada que arrojarles. Arlette toma el ejemplo de Peter y se sube a un arcángel. David también. “Me toca” pienso. Pero no sé como hacerlo. Rápidamente reconozco al arcángel que me salvó de caer en el Limbo, que me está mirando. Nuestras miradas se cruzan. Empiezo a caminar hacia él. Se da la vuelta y me espera. Subo a su espalda. Empieza a volar siguiendo a los demás. Algunos humanos nos imitan, pero para luchar contra los otros. Nosotros tenemos una clara dirección y seguimos a Peter quién dirige nuestro grupito. A la vez que da algunos golpes a algún ángel que pasa por allí. Arlette hace lo mismo. David y yo procuramos no perder el equilibrio a aquellas alturas. Yo voy fuertemente agarrada al arcángel. Que no conozco de nada y no sé su nombre. Poco importa.
Estamos llegando a un especie de agujero que emite mucha luz y apenas se puede ver. El primero en introducirse es Peter, saltando de su improvisado modo de transporte, le siguen los demás. Yo soy la última. No sé como saltar, ni siquiera como levantarme de la espalda del arcángel. Él parece saberlo y antes de que me de cuenta me ha lanzado hacia el agujero. Por unos instantes no veo nada ni siento nada. Es como estar… Flotando. Por fin, pongo pies en tierra firme.
Poco a poco pude andar de nuevo, era como si me hubiera olvidado hasta de andar. David estuvo conmigo todo el tiempo, hubo algunas reuniones más en las que hablaron que ya no se podían unir más ángeles, ya eran bastantes más que los otros. Sin embargo, Arlette y Peter seguían sin aparecer y yo estaba preocupada, mis últimos recuerdos de ellos no son muy buenos…Y cada día me entero menos de cómo funcionan las cosas, David me cuenta como poco a poco van avanzando, algunos arcángeles ya no tienen miedo de unirse a nosotros, pero los otros arcángeles los castigan. Y yo me pregunto ¿Cómo va a acabar todo esto? ¿Si conseguimos que Dios, caiga de su trono que pasará? ¿Volveremos al Infierno? ¿Recuperaré mi vida? Nadie lo sabe. Y creo que David también se lo pregunta. Sigo con la intranquilidad metida en el cuerpo. Me da vergüenza preguntarle a David…Pensará que soy una cotilla.
Han pasado un par de días desde todo aquello. No hemos tenido noticias de Arlette y Peter, ni tampoco de nuevas uniones de arcángeles, ángeles o personas. Estamos un poco abandonados todo…Yo no soy capaz de levantarme de mi nube, pero bueno, tendré que hacerlo, acercarme a David y preguntarle. Me levanto y me siento a su lado.
-Oye… ¿Tú sabes algo de Peter y Arlette...?-
-Bueno… Sé que después de que se “reconciliaran” no se les ha visto el pelo.-
-¡Eso también lo sé yo!- exclamé
-Bueno…También sé que andan por aquí. No sé exactamente donde, esto es muy grande. Pero en algún lugar apartado.-
-Supongo que eso es nueva información. Gracias.- Iba a levantarme cuando de repente me cogió de la mano.
-Y tú… ¿Cómo estas?- Sabía que la pregunta que quería hacer realmente no era esa.
-Pues bien… ¿Por qué me lo preguntas?-
-Verás… realmente no quería preguntarte eso ya te habrás imaginado… Como que me he estado preocupando mucho por ti durante todo este tiempo… Y no ha sido simple cortesía… Verás…-se mordió el labio inferior- Me gustas mucho y yo pensé que…-
-Le interrumpí a mitad del discursito-Lo siento, agradezco las atenciones pero no me interesas…Me caes bien y eso…Pero nada más.- Me levanté y me fui de allí sin remordimientos. Empecé a caminar sin muy claro destino… En el fondo pretendía encontrar a Peter y Arlette de la nada, pero, sabía que eso no iba a pasar. Estarán en un lugar apartado donde nadie pueda encontrarlos, y yo no soy una detective fantástica. Seguí caminando sin rumbo hasta unos lugares extraños. Allí había pequeños templos, de estilo románico, y cosas que no sabría describir. Me quedé atónita. ¿Desde cuándo había cosas de esas en el cielo? Me dediqué a contemplarlas, sin mucho sentido de que eran ni de cuándo era. La historia no era lo mío. De repente en un coliseo vi a dos figuras. No pude distinguirlas, por si acaso, me acerqué sigilosamente para que no me descubrieran. Me acerqué por un lado y descubrí a las dos figuras tumbadas y abrazadas en el suelo de mármol. Eran ellos, no cabía duda. No supe que hacer. Si acercarme a ellos o largarme y avisar a David. Lo segundo no le haría mucha gracia a David después de nuestra pequeña conversación… Y lo primero creo que tampoco le agradaría a ellos… Me mordí el labio inferior.
- ¡Ey! ¿Quién anda ahí?-
“Mierda…Me han visto…” Me dije. Me levanté y me acerqué a la parte frontal del coliseo- Este…Hola…jeje…- dije con voz temblorosa.
-Ah, hola- Era Arlette la que había hablado, y no parecía gustarle que yo anduviera por ahí-¿Qué hacías ahí escondida?-
-Es que… De lejos no sabía si erais vosotros y temía meterme dónde no me llamaban…-
-Tarde, ya lo has hecho.- Peter se había incorporado y se frotaba un ojo. Estaban desnudos.Peter se tapaba con una camisa o algo así y Arlette lo mismo.
-Bueno…Me voy…- Giré sobre mis talones e hice ademán de comenzar a andar.
-Espera. ¿Nos estabas buscando?-
-…Lo cierto es que…sí…- dije entre dientes. Me producía mucha vergüenza decirlo-
-Tsk. Pues hala, ya nos has encontrado.- Peter movió la mano de forma indicando que me fuera-Estamos ocupados…- Se abalanzó sobre Arlette besándola. Me alejé de allí de vuelta por donde había venido, perpleja. De lo que yo recordaba Arlette estaba hasta las narices de él. Y de repente estaban desnudos sobre un suelo de mármol en el Cielo. Y muy posiblemente habrían cometido “pecado”. Me reí entre dientes, esa comparación me hacía gracia.
De repente, una luz me cegó. Apenas había avanzado unos pasos desde dónde estaban ellos. Todos nuestros arcángeles y fieles estaban congregados y un arcángel estaba encima de un pedestal y pedía silencio. La luz iluminaba a Arlette y Peter. Que rápidamente se taparon y vistieron. El arcángel habló:
-Todos sois testigos del pecado aquí cometido. Estas dos personas se han atrevido a usurpar los antiguos yacimientos históricos, pecando. Esto es intolerable en el paraíso de nuestro señor. Debemos ser libres de tales tentaciones, estamos aquí para disfrutar del descanso eterno y respetar los mandamientos del Señor. Exijo que seáis juzgados por el Señor y que os echen del Cielo.- Abrí los ojos estupefacta. Teníamos que actuar. Peter y Arlette se levantaron y se dirigieron al lugar. Se subieron también al pedestal y exigieron hablar. Arlette tomó la palabra:
- Todos los aquí congregados estáis conmigo y consideráis que esto no es pecar. Si no disfrutar libremente de las relaciones con una persona. Hemos llegado a tal punto científico en la actualidad que sabemos de sobra que el sexo o las relaciones sexuales como queráis llamarlo no son un simple echo de necesidad. Es una manera de entretenimiento y no es malo. Somos totalmente conscientes de lo que hacemos y por que vosotros digáis que es pecado, no dejaremos de hacerlo. Es el momento de que os deis cuenta de vuestro error. De que todo esto es un error. De que esto es estúpido y no tiene cabida en nuestra sociedad moderna. Es la hora. No podemos esperar más.- Se hizo el silencio. Un silencio sepulcral en todo el Cielo. Arlette paseó la mirada por los allí congregados. De repente, en el Cielo se oyó un estruendo. Algo venía hacia nosotros. Arcángeles y ángeles se acercaban feroces.
Venían de estar con el Señor. Ya sabíamos por dónde se iba. Pero
nunca habíamos hablado sobre aquel momento. No hablamos de cuando de repente los arcángeles y toda su tropa se revelaran contra nosotros, qué hacer. ¿Debíamos cargar contra ellos? ¿Con qué armas? ¿Las palabras? No, no. Deben de haberlo hablado entre ellos mientras estaba inconsciente… Me muerdo el labio inferior con fuerza. Nadie hace nada. Miro a dónde esta Arlette y el otro ángel…Pero… Peter no está. Lo busco con la mirada y finalmente dirijo la vista hacia dónde vienen nuestros enemigos. Hay un arcángel que va hacia ellos, con alguien encima. Lo he entendido. Ellos se dirigen hacia el Señor y tenemos que despejarles el camino. Se lo comunicó a un ángel que esta a mi lado y se va corriendo la voz. Rápidamente todos empiezan a ponerse en marcha. Ellos pueden volar, pero nosotros los humanos, no. Y no tenemos nada que arrojarles. Arlette toma el ejemplo de Peter y se sube a un arcángel. David también. “Me toca” pienso. Pero no sé como hacerlo. Rápidamente reconozco al arcángel que me salvó de caer en el Limbo, que me está mirando. Nuestras miradas se cruzan. Empiezo a caminar hacia él. Se da la vuelta y me espera. Subo a su espalda. Empieza a volar siguiendo a los demás. Algunos humanos nos imitan, pero para luchar contra los otros. Nosotros tenemos una clara dirección y seguimos a Peter quién dirige nuestro grupito. A la vez que da algunos golpes a algún ángel que pasa por allí. Arlette hace lo mismo. David y yo procuramos no perder el equilibrio a aquellas alturas. Yo voy fuertemente agarrada al arcángel. Que no conozco de nada y no sé su nombre. Poco importa.
Estamos llegando a un especie de agujero que emite mucha luz y apenas se puede ver. El primero en introducirse es Peter, saltando de su improvisado modo de transporte, le siguen los demás. Yo soy la última. No sé como saltar, ni siquiera como levantarme de la espalda del arcángel. Él parece saberlo y antes de que me de cuenta me ha lanzado hacia el agujero. Por unos instantes no veo nada ni siento nada. Es como estar… Flotando. Por fin, pongo pies en tierra firme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario