martes, 10 de abril de 2012

Ella.

Primera parte: When the demon looks at you
Era invierno, hacía mucho frío, que calaba hasta los huesos, acababa de bajarse del autobús y se encaminaba hacia el sendero que dirigía a su casa. La noche se había adueñado del lugar y las sombras dibujaban figuras siniestras a su alrededor, no había luna por culpa de las nubes así que no había casi luz, y ella iba por aquel siniestro camino lleno de cuestas, bosque y oscuridad. Mientras se dirigía se oían extraños ruidos provenientes de la maleza, y Ryan Key le susurraba palabras de amor y deseo al oído, ella canturreaba en bajo la canción, y seguía el sendero. El vapor se escapaba por sus labios y subía la empinada cuesta. Los ruidos aumentaron, y el nerviosismo de nuestra protagonista también. Cada vez costaba más la subida y Ryan Key seguía susurrándole, la maleza aumentaba y con ella las sombras siniestras que se cernían sobre la noche. Siguió caminando, y acechando a su alrededor con mirada insegura, todo parecía amenazador, el simple mover de las hojas, un rincón, un camino apartado, además aquel lugar estaba desierto y aunque hubiera casas no parecía que la gente estuviese allí de verdad. Quedaba poco para llegar a casa, pero entonces oyó unos ladridos y unos maullidos, los ruidos extraños parecían más cercanos. Estaba bajando la calle hacia su casa. Pero cuando bajó la mirada para buscar las llaves y alzó la vista, las llaves cayeron al suelo con un fuerte estruendo. Delante de ella estaba un hombre de tez muy pálida, ojos oscuros pero siniestros como el infierno, pelo rizo y corto, llevaba un sombrero negro que le tapaba un poco de la cara, una gabardina larguísima que le cubría todo el cuerpo y se asemejaba a una sombra. El hombre estaba ahí de pie, esperando a que ella hiciese algo, pero no pudo. Siguió con la mirada fija en aquel hombre, que no se movía. Ella se dio la vuelta y empezó a correr, cuando se dio la vuelta para ver si el hombre estaba ahí no lo encontró, pero sin embargo cuando volvió a mirar al frente, ahí estaba, más cerca de lo esperado. La miró con aquellos ojos y la agarro del pescuezo clavando sus esqueléticos dedos en su cuello…Ella se resistió, sin embargo él era más fuerte que ella, así pues se resigno a morir. Sus ojos empapados en lágrimas le miraban fijamente, sus uñas se clavaban en los brazos de ese hombre, y poco a poco sentía como el aire se agotaba. Le miró borrosamente y comprobó su faz, su cara, sus ojos, sus pómulos, sus labios…Era un hombre corriente y moliente, eso sí, sus ojos eran azules frígidos, tenía una cicatriz en el pómulo izquierdo y sus labios estaba de un color morado, realmente no hacía tanto frío, estaban en pleno agosto pensó ella, luego se dijo que no era momento para ese tipo de cavilaciones, le miró a los ojos y sin embargo él siguió mirando para sus manos apretando cada vez más fuerte. A ella se le escapó una última bocanada de aire…
Desperté con un calor horrible y asfixiante, aunque, rápidamente noté que el hecho de que casi no hubiese aire en el ambiente no me preocupaba, no lo necesitaba. Me levanté de aquel suelo desértico viendo doble, llevé las manos a la cabeza y sentí que todo me daba vueltas. Cuando me levanté del todo y vi lo que había a mi alrededor no sabía que pensar. Había estalactitas más grandes que yo, y lava, lava por todas partes, grandes explanadas de desierto rojo se extendían por todo el infinito, vislumbré a algunas personas a lo lejos, por lo visto estaban esqueléticas y vestían un taparrabos. No quise acercarme, tenía miedo. Lo único que me recordaba a esa perspectiva era el infierno. Y si esto no era un sueño todo quería decir que estaba muerda. Apenas 14 años de vida y muerta.
Me di la vuelta buscando una salida, sin embargo lo único que vi, fue más lava y más desierto. Suspiré y avancé lentamente sin sentido alguno, no me dirigía hacía donde había visto a aquellas personas, mas bien me alejaba todo lo posible, aun que todo venía siendo más de lo mismo. Al cabo de un largo tiempo, no sé cuanto, ya que allí no había relojes y todo parecía ir más lento, me detuve. Me senté en una roca plana de la explanada y esperé, esperé a no sé el que, a que el demonio viniera por mí y me obligara a rendirle pleitesía o que pasaran los siglos simplemente. Me tumbé y cerré los ojos finalmente. Mientras soñaba que estaba en casa con mi familia viendo la televisión como siempre, alguien me golpeó, suavemente. Abrí los ojos y miré hacia la sombra. Era un muchacho de cabellos rubios, con el peinado típico de los chavales, vestía ropa de calle y sus ojos eran de color aguamarina, sin brillo…Me miraba indiferente, yo me erguí y el siguió mirándome.
-Hola- le saludé. No contestó nada y yo no sabía que decirle, al fin y al cabo no estábamos de visita, estábamos muertos y en el infierno, no había mucho que contarse. Se sentó a mi lado y dejó de mirarme, me sentí un tanto aliviada por no sentir su mirada penetrante. Sin embargo su presencia me inquietaba, tenía miles de preguntas pero no sabía como formularlas, me mordí el labio, impaciente.
-Esto… ¿Llevas mucho aquí?- Estaba claro que no, su ropa y peinado eran de mi época. Abrió la boca y espero cinco segundos contados para contestar:
- Apenas unos años, aquí el tiempo pasa muy lento para los que contamos el tiempo en siglos o en años no en días-
Aquella revelación me dejó patidifusa.
-Y… ¿Qué se hace por aquí?-
- Depende, las personas que eran asesinos o criminales son castigadas duramente, y las personas que estamos aquí por no-muerte natural, simplemente deambulan ya que no necesitamos ni comer ni respirar, lo único que podemos es esperar al día, al gran día-
-¿Qué es eso del gran día?-
-Es el día en que nuestro gran soberano…- la frase quedó cortada debido a un estruendo que enmudeció todo.
Tenía un terrible temor, y se debía a que él también, el labio inferior bailaba tembloroso y tenía la mirada perdida, miré hacia donde creía que venía el ruido, pero no pude moverme de donde estaba, el temor era más fuerte a mis ganas de salir de allí corriendo, lejos lejos, además el muchacho tampoco se movía por lo tanto era mejor quedarse quieto y esperar… ¿Esperar a qué? ¿A que el ruido terminase? ¿A que lo que fuera que haya creado el ruido saliese? No podía esperar eternamente, y menos a algo desconocido. Le miré y el seguía con la mirada distraída.
-¡Ey! ¡Despierta! ¡¿Qué está pasando?!- tuve que gritar para que se me oyera.
-N-no lo sé…nunca he asistido a un Gran Día la verdad…-
¿Eso quería decir que ese estruendo era nuestro “Gran Soberano”? ¿Qué había llegado el Gran Día? Pero si sólo llevaba apenas unas horas en ese lugar… ¿Cómo sucedía todo tan rápido?...
Aguanté la respiración durante unos segundos mientras todo me parecía que sucedía muy lentamente. Emergió una gran piedra del suelo desértico a unos kilómetros de nosotros, era plana en la cumbre y había un gran trono en el centro, supuse que era el de nuestro “Gran Soberano” pero en el no había nada. Minutos de expectación después el “techo”-por que realmente no era un techo si no la parte mas alta del lugar- empezó a temblar, empezaron a caer trozos de tierra grandes y pequeños, las personas se apartaban de aquel lugar corriendo despavoridas, se produjo un silencio horroroso y del “techo” cayó una gran figura de color rojo anaranjado con dos enormes alas de murciélago que emergían de su espalda, era muy grande y musculoso, con dos grandes cuernos sobresaliendo de su sien, no conseguí ver mucho más hasta que se sentó en su trono. Vi que únicamente llevaba un taparrabos y era tremendo en todas sus dimensiones, no tenía pupilas, solo córnea, de un color rojizo más llameante que el de su piel y sus cuernos. Se sentó en aquel trono enormísimo plegando las alas. Desde aquella posición juraría que lo veía todo. Me quedé donde estaba, esperando, si no ¿Qué iba a hacer? ¿Correr hacia dónde? No merecía la pena. El Gran Soberano giró la cabeza lentamente, mirándonos uno a uno y cuándo pasó los ojos por nuestra zona, fue más despacio y sentí como me examinaban sus ojos, como me analizaban y guardaban la información en su mente. Un escalofrío. Un gemido del muchacho. Algo estaba a punto de pasar.
Pasaron apenas unos segundos cuando el Gran Soberano dejó de examinar a todos sus súbditos, aun que a mi me parecieran horas. Abrió lentamente la boca y la dejó abierta unos segundo mas, nosotros, sus súbditos estábamos expectantes, yo más que ellos, era la primera vez que asistía a un Gran Día.
-Súbditos del Infierno- su voz era grave y potente, como la voz del alfa- Esclavos fieles del Apocalipsis, todos sabéis ya porque estáis aquí, así me salto los principales pasos de deciros dónde estáis, dado que es un tanto obvio.- se rió entre dientes, y aunque fuera su risa, sonaba mas a grito maléfico, prosiguió- Como veo caras un tanto nuevas, esto os vendrá bien, ya que ahora en vez de asignarle una misión a un súbdito Inferior y a uno Medio, ahora será dos de cada.- se oyeron de fondo algunos suspiros de asombro y otros de alivio o de queja- Bien, comencemos. ¡Cûrâtôris! – Una especie de gigante se acercó, látigo en mano a su señor y se arrodilló- Dime querido Cûrâtôris, quienes de tus esclavos ha sido el mejor, si es que lo hay…- volvió a reírse con esa risa suya tan peculiar-
-Señor mío, nada más que yo recuerde a una joven cuyo nombre empezaba por A y terminaba por E, y de los hombres uno fuerte de nombre inglés y extraña apariencia.-
- Los esclavos que coincidan con esta descripción que den un paso adelante si se atreven- Nada más y nada menos que 7 u 8 personas habían dado un paso adelante. Creo que sólo dos coincidían realmente con la descripción. El Cûrâtôris se levantó y de cuatro movimientos de brazo mató a todos menos a dos, los que realmente eran.
-¿Cómo os llamáis?-preguntó el Gran Soberano
-Arlette mi señor- y la muchacha se arrodilló después de todos los castigos que había sufrido.
-Peter- Él no se arrodilló si no que lo miró desafiante.
-¿Y este dices que ha sido tu mejor hombre?-
-Sí mi señor, es un insolente, pero trabaja duro y muy fuertemente-
-Uumm- El Gran Soberano lo miró mientras se rascaba o arañaba la gran barbilla- Supongo que valdrá. Tú muchachita, ven aquí.- No sé como ella consiguió subir hasta allí arriba por que debería de estar a mas de 10 m de altura. Y en cuanto llegó el demonio la cogió sobradísimamente con una mano y la levantó en el aire para que todos la viéramos y le susurró- Preciosidad, escoge a alguno de los afortunados para que te acompañen- Ella con determinación nos señaló, oh fantástico, pensé para mí. El demonio nos miró con una sonrisa de medio lado y nos dijo que nos acercáramos mientras fue dejando a la chica en el suelo de nuevo .El chico de mi lado se levantó inerte, el miedo había desaparecido de su cuerpo y caminó firmemente. Le seguí a duras penas. Estaba nerviosa, muy nerviosa. No sé como no tardamos horas y horas en llegar hasta ellos, con lo lejos que estaban, llegamos en unos minutos. Él se colocó al lado de Peter y yo a la vez al suyo. El Gran Soberano nos miro y luego a ella. Asintió con suficiencia y le indicó con la mano a la muchacha que se marchara. Ella bajó rápidamente por la montaña de tierra y se colocó a nuestro lado, me miro durante apenas un instante y miró al frente de nuevo.
-Llévatelos- le dijo el Gran Soberano al Cûrâtôris. El gigante nos colocó unas esposas que nos unían formando una fila y tiro de nosotros para que avanzáramos.- Luego nos veremos afortunados- y vuelta a reírse.
Avanzamos durante mucho tiempo y yo a medida que pasaba el tiempo dejaba de darme cuenta de la realidad. Por ejemplo: no me había dado cuenta de que el muchacho hablaba con los otros dos y parecía importante. Cuando volví a la realidad habíamos llegado a una especie de castillo, negro como el carbón y el paisaje ya no era tan desértico, aunque seguía sin percibirse apenas un rastro de vegetación. Entramos por la puerta grande y nos llevaron a unos calabozos, nos pusieron unas esposas individuales y nos dejaron allí toda la noche. Había únicamente una litera. Peter se apoyó en la pared dando señal de que él no iba a dormir en una de las camas, Arlette hizo lo mismo. Así pues, nos cedieron las camas y aceptamos gustosamente. Las camas no eran de lo mejor, pero como ya no podía sentir nada no me importó. Dormir, no se puede decir que durmiéramos, pero yo cerré los ojos y dejé que mi subconsciente se apoderara de mí. Volví a la realidad cuándo sentí que algo me golpeaba en la espalda, me di la vuelta, era Arlette.
-Nos vamos- su voz fue apenas un susurro, un susurro tan dulce como su mirada violácea. Me levanté poco a poco para no marearme, sin darme cuenta de que ya no podía sufrir de eso. No estaba viva. Era extraño, mi cuerpo se movía sin embargo mi corazón no latía, no respiraba, la sangre no corría por mis venas pero aún así, seguía funcionando, como una maquina que no necesitara pilas. Salimos de la celda con las cadenas unidas de nuevo, nos llevaron escaleras arriba escaleras abajo, hasta una gran sala, con muebles de estilo gótico, alfombras color sangre y paredes negras. En otro gran trono, estaba el Gran Soberano aguardándonos, nos arrodillamos todos, aunque Peter no quería. El demonio giró la cabeza hacia nosotros con esa sonrisa de medio lado otra vez. Iba a hablar.
-Ya estáis preparados. Vuestra misión comienza lejos de aquí, muy lejos. Arriba no, más aun, más arriba de lo que jamás habréis estado. Vais a ir al Cielo, donde pululan los ángeles y todo es tan terriblemente perfecto e irracional. Allí no podréis ser dichosos. Allí solo hay unas muy pocas gentes, ya que, en la era actual hay muy pocas personan que puedan ver la utilidad de no tener libertad, de limitarse a una religión y a unas normas irracionales que no encajan realmente con el ser humano. Vais a ir allí, y vais a verlo, a sentir la agonía, la impotencia y vais a rebelaros, vais a hacer que se provoque un cambio, un cambio en todo lo conocido. Vosotros cuatro solitos vais a poner en duda al Señor y a todos sus fieles, vais a hacer que los pequeños angelitos se cuestionen su culto y hagáis que todos esos esperpentos de fieles dejen de serlo. Creareis la Segunda Revolución Angelical. Y todo volverá a ser como antes…- Sus últimas palabras tenían un tono melancólico. Yo había oído hablar de cómo Lucifer un ángel se convirtió en demonio, ¿puede ser que el gran demonio que está delante de mi, sea el antiguo Lucifer…? – Partiréis esta media noche, fingid haber muerto hace unas horas y poned cara de buenos, inventaros muertes naturales…Lo que sea, pero entrad en el Cielo si no, vuestro castigo será peor que la muerte en sí.-
El Cûrâtôris nos obligó a avanzar de nuevo de nuevo a los calabozos. Yo no era capaz de asimilar toda la información que acababa de recibir, me dejé caer en suelo con la boca abierta, sin créemelo, el muchacho sin nombre se sentó a mi lado y me sonrió yo no podía articular palabra, estaba demasiado absorta en lo que acababa de pasar como para preguntarle como se llamaba.
-Me llamo David, tranquila, todo esto saldrá bien ya verás.- No me había fijado en el curioso acento del chico hasta ahora, era como griego, además tenía el cabello de color rubio paja, unos ojos azules cristalinos y pequeñas pecas por la nariz y los pómulos que sólo se veían de cerca. Cerré la boca e intenté sonreír.
-Te aseguro que esto es mejor que andar siglos y siglos por el desierto- esta vez fue Peter quién hablo, estaba de pie, mirando al suelo con las manos en los bolsillos, creo que ellos dos eran los únicos esclavos que no llevaban harapos. Le miré y él levantó la cabeza y me miró también, sus ojos eran de un verde precioso, hipnotizándome no podía apartar la mirada. El acabo por girar la cabeza hacia Arlette mientras la miraba una sonrisa se dibujó en su cara, ella no se daba cuenta de que la estaba mirando, así que se levantó con un suspiro y dijo:
- Bueno y ¿qué pensáis decir? –
-Yo había pensado en decir que tenía cáncer y por eso morí.- Dijo David, hasta ese momento él no había apartado la mirada de mí y eso me inquietaba.
-Yo diré que morí en combate, es lo más creíble- -Dijo Arlette, ¿lo más creíble? No lo entendía
- ¿Porqué iba ser eso lo más creíble?- pregunté con sumo interés
-Por que… sería lo más creíble…- Me quedé callada, en realidad todos nos quedamos callados, era incómodo estar así pero había metido la pata preguntando eso sin apenas conocerla. Bajé la cabeza mientras que pasaba el tiempo, pensando y pensando, ¿Qué iba a decir mañana? ¿Qué podía inventar? Lo pensé muchas, muchas veces. La actividad de la celda era nula y me dolía la cabeza, cerré los ojos durante apenas un instante…Pero cuando los volví a abrir había pasado mucho, mucho tiempo estaba tumbada en un litera como la noche anterior. Me erguí y descubrí que todos estaban de pié, salí de la cama y fui hacia ellos.
-Sólo faltan unos minutos para medianoche- murmuró David
Seguía tan nerviosa como antes y no podía apartar los ojos de la puerta, aguardando a que se abriera, que nos llevaran al Cielo y seguía sin saber que iba a decir. El tiempo pasó demasiado rápido, no había dado con la clave de lo que iba a decir cuando apareció el Cûrâtôris y nos llevó arriba no, mas arriba aún, estábamos en las torres más altas, allí se nos vendó los ojos y resto del trayecto está borroso en mi mente, ya que, me mareé y no recuerdo casi nada. Cuando paramos me caí en el suelo y no nos quitaron las vendas hasta que llegamos a una cueva. El Cûrâtôris nos dejó allí con una sonrisa de autosuficiencia y se fue. Fuera hacía tormenta con rayos y truenos, el agua nos entraba en la cueva, no podíamos hacer ningún fuego y lo único bueno era que no podíamos sentir el frío, sólo las gotas de agua en nuestras caras. Todos juntos apoyados en la pared nos preguntábamos a que esperábamos…Dejamos pasar el tiempo teniendo pequeñas conversaciones en las que Peter apenas participaba y yo sólo sabía articular una o dos palabras, eran David y Arlette quien realmente mantenían una conversación y creo que eso no le gustaba ni un pelo a Peter, por que, cada vez que miraba a David, el odio era la esencia de sus ojos. En fin, cuando pasó muchísimo tiempo salió el sol, salimos fuera, y nos encontramos con un limbo, no era nada y lo era todo, significaba el paso de la muerte al Cielo, aquel lugar era el prepaso para subir al Cielo. Y cuando nos colocamos todos juntos mirando al cielo, dejé de sentir el suelo, estábamos flotando hacia arriba, hacia una luz entre las nubes negras, sentía algo parecido al bien estar como la completidad en todo mi cuerpo, y cuando volvimos a apoyar los pies, era como si realmente no nos apoyáramos.

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